lunes 26 de octubre de 2009

Sitges, Mórbido, Macabro: Apuntes acerca de los sustos


Ayer regresé de Tlalpujahua, un pueblito minero con crepúsculos arrebolados en el estado de Michoacán donde se desarrolla el Mórbido. Festival Internacional de Cine Fantástico y Terror, siendo apenas su segunda edición la de este fin de semana. De este festival, organizado por Pablo Guisa y Miguel Ángel Marín, supe casi de la nada hace poco más de un año y ni idea de sus organizadores, objetivos e intereses.

Habitando un país en el que han surgido, y continúan surgiendo, festivales de cine de todo tipo estratégicamente en pueblitos o lugares paradisiacos con vistas a llamar turistas, siempre he sido un tanto dudoso ante estos (de cualquier forma, un objetivo siempre fundamental en la concepción de un festival, será la de entradas monetarias a partir de la visita de turistas), en sus logros y autenticidad.

Tras visitarlo finalmente (como enviado de la revista Cinemanía) voy entendiendo los intereses de sus creadores (si la obra de Dario Argento o la exposición a Alucarda a los 10 años son momentos centrales en la vida de los organizadores, la cosa pinta muy bien, entonces), las posibilidades de un proyecto naciente y los riesgos y frutos de concebirlo en un lugar recóndito y prácticamente virgen al cine fantástico.

Me parece que Mórbido tiene delante una tarea complicada y de mucho trabajo, pero las cosas prometen y se necesitan hacer. Ante muchas ideas que andan revoloteando en mi mente a partir de este festival, y el reciente festival de Sitges, me he dispuesto a desempolvar notas, reseñas y entrevistas que hice durante las tres ediciones a las que he asistido del festival de Sitges (de 2005 a 2007), para aterrizar en Mórbido y otras cosas, en un intento por brindar una apreciación de la importancia de Sitges, y mi opinión sobre el estado del cine de horror en México. Así que los invito a leer esto durante los siguientes días (les pido un poco de paciencia, es extenso), y a que lo comparen con sus propias opiniones. Pongo, al final de cada caso, las fuentes en las que originalmente fueron publicados y, aparte de algunas correcciones, no he cambiado gran cosa para mantener el sentido original.



Chiaki Kuriyama

Sitges, España, 11 de octubre.- Por trigésima octava ocasión, la comunidad de Sitges, Cataluña, se ha vestido de colores –sobre todo rojo sangre-, para recibir a una desbandada de freaks del resto de España, y del mundo en general: precedida por el ‘gigante blanco’ que hace tres décadas aterrorizó a medio mundo, el Festival Internacional de Cinema de Cataluña desde el pasado domingo [octubre 9 de 2005]ha reunido lo más sobresaliente de la producción fantástica, de terror, acción, violencia y dibujos animadas de reciente manufactura.

Inaugurada con la proyección de Serenity, el debut en la dirección cinematográfica de Joss Whedon (Buffy, the Vampire Slayer), este famoso festival, el más longevo en lo que a cine fantástico se refiere, en esta ocasión está reuniendo películas como The Great Yokai War (Takashi Miike, 2005), The Wild Blue Yonder (Werner Herzog), Do You Like Hitchcock? (Dario Argento, 2005), y entre docenas más, The Piano Tuner of the Earthquake (Timothy y Stephen Quay, 2005), así como se viste de gala con la presencia de verdaderas personalidades como Dave Mckean (ilustrador de conocida reputación, quien ahora presenta su debut cinematográfico con Mirrormask), David Cronenberg, Park Chan Wook, los hermanos Quay y, entre otros, Jodie Foster.

Chiaki Kuriyama, uno de los rostros que de Oriente ha aterrorizado al espectador contemporáneo, a través de sus caracterizaciones en filmes como Battle Royale (Kinji Fukasaku, 2000) y Kill Bill (Quentin Tarantino, 2003), siempre protagonizando aquel rostro femenino que atemoriza a hombres y mujeres por igual, estuvo presente en este festival, y hoy ofreció una concurrida conferencia de prensa en la que la emoción de los periodistas locales demostró la razón de que este festival lleve tantos años de realizarse ininterrumpidamente.

Kuriyami ha llegado a Sitges con The Great Yokai War, el más reciente trabajo de quien continúa siendo una de las sensaciones de Oriente: Takashi Miike, quien en este filme retoma a un grupo de los personajes más famosos del folklore japonés, los monstruos yokai, que no son otra cosa que las ánimas de todos los seres y objetos que habitan las montañas y, por ende, dan pie para un estrambótico y colorido espectáculo. Tratándose de un filme con mayor presupuesto del normal, y tal vez el primero escrito por Miike (entre una filmografía que casi llega a los cien títulos), The Great Yokai War resulta interesante, aunque parece perderse entre todas las posibilidades que el realizador pudo escoger, y no logra sobrepasar, a su vez, a la emblemática trilogía que a finales de los años sesentas realizó Yoshiyuki Kuroda.

Sobre su participación como el personaje de Aki, devorado por el lado oscuro, Kuriyami comentó que se trata de una figura que parece tener una razón para ser de esa forma: un amor no correspondido, aunque su misma naturaleza humana parece palpitar de vez en cuando. Kuriyami, quien ayer cumplió 21 años, responde de forma tranquila y sin despeinar uno sólo de sus cabellos que han sido cepillados antes de la conferencia y de la sesión de fotos por el estilista que viaja con ella.

Como si la hubiesen confeccionado con un juego de escuadras cuidadosamente graduadas, Kuriyami no pierde la compostura y recuerda que, antes de conocer personalmente a Takashi Miike, ya conocía de su fantástica obra y, al igual que le sucedió con Tarantino, se le hizo un personaje muy especial y culto al conocerlo.

“Este papel es muy especial, porque es un personaje que no existe en la mitología de los Yokai. De tal forma que se me permitió construirlo, y de esa forma inferir en su imagen y vestuario. Es así que esa libertad me permitió reflejarme a través de su rostro”.

“Antes de trabajar con Fukasaku me daban papeles de chicas normales, como fantasmas (sic), eran papeles que no requerían grandes esfuerzos físicos. Pero ya con Fukasaku las cosas comenzaron a cambiar, y después con Tarantino y Miike. Yo en realidad no soy una chica muy deportista, más allá de mis clases en la escuela no he hecho gran cosa. Sin embargo, cuando tras muchos esfuerzos hago las coreografías para las películas, me veo en el monitor y digo ‘Guau, creo que no soy tan mala’”.

La actriz explica que por supuesto, tras su participación en Kill Bill, le han ofrecido papeles para producciones en Hollywood, pero es algo de lo que no puede hablar.

Y así como su larga cabellera oscura recuerda a las féminas amenazantes y de ultratumba del cine sobrenatural de su país, la conferencia terminó y aquel telón de negros cabellos pareció engullirla. [www.revistacinefagia.com : octubre 12 de 2005]


Park Chan-wook

Sitges, España, 12 de octubre.- En la pasada edición del Festival Internacional de Cine de Cataluña, Sitges, la gran ganadora fue Old Boy, película que ya se ha podido ver en México, y la cual ya ha permitido observar la extraordinaria capacidad narrativa de su realizador Park Chan-wook.

Y aunque el pasado año, este realizador coreano no pudo asistir al festival para ser testigo de su éxito, este año sí lo ha hecho y tal vez sea ocasión para ser testigo de un nuevo éxito con Sympathy for Lady Vengeance, filme que de nueva cuenta coloca a su realizador entre los posibles ganadores en la Sección Oficial Fantástica.

Tranquilo y muy sonriente, este nuevo héroe de ese cine que cada vez parece alejarse más de lo marginal para ir cosechando triunfos alrededor del mundo, se presentó en conferencia de prensa para opinar sobre su cine, y en particular de esos temas que lo han identificado: la violencia y la venganza, no sin antes recordar que desde que tenía quince años uno de sus deseos era asistir a este mítico festival… y bueno, ahora incluso lo hace en la competencia, no como simple asistente.

“La venganza es algo que está prohibido por nuestra sociedad, a pesar de que la gente siempre la desea. Para llevar a cabo una venganza se necesita mucha pasión, y cuando alguien la lleva a cabo resulta que esto no tiene nada de bueno. Es algo que sucede, por ejemplo, cuando los padres quieren vengar a una hija asesinada. Es por todo esto que considero que la venganza es la esencia humana, es por eso que se trata de algo que me obsesiona”.

“En mis dos filmes previos de la trilogía, la violencia ha sido una especie de erupción, pues se trata de dos hombres protagonistas. Con Sympathy la violencia es más pura porque se lleva a cabo desde la perspectiva de una mujer; de tal forma que el título del filme me parece que implica pasión y expiación. Para este tercer filme decidí que la protagonista debía ser una mujer pues después de los dos títulos anteriores me dio un poco de pena que se tratara sólo de hombres”.

El realizador comentó que a él siempre le ha llamado la atención hacer filmes que mezclen géneros y sentimientos, aún cuando el público crea que no se trata de lo correcto: “creo que, aunque el terror, el drama, la comedia y la acción son cosas distintas, no se pueden separar. Entiendo que se trata de cosas muy distintas, pero a mí siempre me atrae unirlas”.

“La venganza tipo ‘ojo por ojo y diente por diente’ me parece que se trata de algo muy estúpido; no obstante, el deseo de venganza no deja de ser algo muy fuerte en nuestra naturaleza. Y es por eso que a través de mis películas intento darle cierto sentido”.

“No sé exactamente cómo ha cambiado la violencia en mis películas, pero sí puedo decir que en el transcurso de estos tres filmes se ha transformado en algo elegante. Es de esa forma que mi siguiente película sobre el tema será una que verse sobre la violencia religiosa, pues creo que la violencia es pura e inocente”.

“La violencia en mis películas no es como la que se ve en las producciones de Occidente, donde hay más pistolas y menos cuchillos. En mis filmes hay más de esto último y contacto físico, y es por eso que creo que pueden ser más aterradoras”.

Chan-wook, quien entre sus realizadores más influyente cuenta a Hitchcock, Bergman y Aldritch, comentó que su siguiente filme será una comedia musical para adolescentes, pues siempre está tratando de “hacer algo distinto”. [www.revistacinefagia.com : octubre 12 de 2005]



Adios Sitges


Sitges, Cataluña, España, 17 de octubre.- Pues bien, hoy he iniciado mi último día en Sitges. Hasta el momento no he tenido oportunidad de meterme al mar…bueno, que tampoco se han dado muchas oportunidades, pues fuera de los dos fines de semana pasados, los días laborales han estado grises de agua, lo cual no es malo, por supuesto y menos después de ver Jaws.


Han sido ocho días intensos, fuera de tres escapadas por las tardes a Barcelona, he estado en constante movimiento: del pueblo de Sitges, donde se encuentran los cines Prado y Retiro, al hotel Meliá, en donde se encuentra el magnífico auditorio que cierra la triada de salas que cobijan las funciones principales del Sitges 05. Festival Internacional de Cine de Cataluña. Del pueblo al Meliá la distancia no es exactamente corta –unos quince minutos caminando– pero la localidad, cuyas estrechas calles recuerdan en cierta forma a un Guanajuato cercado por mar hace, por supuesto, apacible y disfrutable todas las caminatas.


Uno de estos días corrí con la suerte de toparme con Juan Jiménez (los letrados en el arte secuencial lo ubicarán como el extraordinario dibujante de Le Chaste du Metabarons, escrita por el chamán Jodorowsky), quien resulta que reside en Sitges y, tras contextualizarlo (aunque me dijo que recuerda perfectamente que lo entrevisté el año pasado cuando visitó México, yo sé que no es así) platicamos un rato sobre historieta y cine, y a éste último respecto me comentaba que el festival de Sitges continúa siendo una fiesta fantástica, aunque hace varios años lo era aún más, pues a falta de un hotel tan enorme como lo es el moderno Meliá, todas las actividades se desarrollaban en el pueblo, llevando a sus pobladores a convertir en toda una verbena la geografía del lugar durante el tiempo que duraba el encuentro cinematográfico.


El maestro Jiménez recuerda que entonces, aunque el festival se circunscribía casi exclusivamente al cine de horror y por tanto, era más pequeño, resultaba más entrañable y menos glamuroso. Por supuesto, entiende que las cosas deben de cambiar, pues incluso la oferta del festival ha tenido que abrirse hacia otras tendencias y géneros para seguir existiendo. Así, con cierta melancolía rememora aquellos días mientras que en el lobby del Meliá me explica que se retira pues, a pesar de que en el salón Brigadoon se presentó un cortometraje animado basado en uno de sus trabajos, él no contaba con pase de invitado.


En el mismo salón Brigadoon se proyectaron varios programas en DVD, sobresaliendo varias películas de Santo que acaban de ser editadas en España. Me animé a traer unas copias del especial del mítico personaje que hace siete años armamos [en 1998] en la revista Somos algunos periodistas organizados por Pepe Navar, y con orgullo puedo decirles que el Enmascarado de Plata continúa siendo materia de interés, pues las copias se vendieron rápidamente en el puesto de unos amigos españoles que amablemente aceptaron ofrecerlas.


Haciendo eco de las remembranzas de Juan Jiménez, estamos seguros de que las cosas debieron ser un tanto distintas hace algunos años, pero obviamente hoy han cambiado, ni siquiera los directores que normalmente participan en el festival son los mismos: hay una gran presencia oriental y directores como David Cronenberg han hecho patente una evolución extraordinaria y lógica en su obra. Ni siquiera él es el mismo que hace 30 años ganó en Sitges con Shivers, tal y como se demuestra en A History of Violence, su más reciente obra que ahora clausura el festival.

Lo único cierto es que un suceso como Sitges continúa siendo extraordinario. La localidad responde al festival y vemos salas llenas, los aparadores de las tiendas de ropa, perfumerías y demás, adaptan sus formas a las del festival y es así que podemos ver a decenas de tiburones, gorilas (recordemos que la imagen del festival es la silueta de King Kong quien, por cierto, en una disfrutable identificación del festival que acompaña cada proyección se le ve pescar al ‘gigante blanco’ y arrojarlo lejos en medio de un rugido de simio gigantesco) y otras delicadas criaturas tras los cristales anunciando los productos. La gente aplaude ante la aparición de los nombres sobresalientes en los créditos de las películas y si se ha visto un suceso extraordinario en pantalla (una secuencia de acción sorprendente, que alguien ha recibido su merecido o, que incluso, se desarrolle una escena de mucha sangre y violencia), las palmas, chiflidos y gritos pueden llegar a terrenos ridículos.


Pero bueno, hay que ver el sentido y el gusto que ha desarrollado el público de acá (¿será acaso que por eso existe el festival, o será resultado mismo de éste?, solo Satanás sabrá), todo lo soportan, lo aplauden y, en la mayoría de ocasiones, lo ovacionan; ya sea un trabajo denso como The Pianotuner of Earthquakes de los hermanos Quay, uno ultraviolento como el filme casi snuff tailandés de Born to Fight, o una auténtica mamada como la espantosa La Monja, de Luis de la Madrid.


El caso es que la mayoría de las veces las salas se encuentran llenas, creo que a final de cuentas a cada función pueden asistir entre 500 y mil espectadores, algo que no veo muy difícil de suceder en México, aunque sí imposible si las entidades culturales y gubernamentales no se interesan en apoyar este tipo de eventos, ventaja que tiene Sitges por encima de nuestro país. En fin, que de aproximadamente cien filmes entre documentales, animes y unas docenas más de cortometrajes, tuve ocasión de ver más de 30 de ellos, y eso no lo cambio por nada. La verdad, es que creo que lo mejor que he visto hasta hoy (durante el día podré ver otras cuatro películas, y entre ellas A History of Violence, así que no todo está dicho) es Jaws. Sí, sé que puede escucharse mamón, pero la película tras más de veinte años de verla pro primera vez, en pantalla grande continúa siendo cautivadora y, a mi juicio, los logros generales de las producciones presentadas fueron menos de lo que esperaba (eso, por supuesto, no es culpa del festival y ni siquiera de los realizadores, simplemente fue un momento), Desafortunadamente no pude ver Sympathy for Lady Vengaence, The Devil’s Rejects, A World Without Thieves y alguna otra que parece prometer.


Por otro lado, hubo buenos momentos, como la mencionada Born to Fight, Frágiles, Ashura, The Wild Blue Yonder, Haze y, entre otras, New Police Story, un dramón de superacción protagonizado por Jackie Chan. E igualmente, Great Yokai War se le fue de las manos a Miike y Seven Swords le quedó bastante pesada a Tsui Hark. Mirrormask y The Pianotuner of Earthquakes creo que podrían haber quedado mucho mejor, pero que existan en sí, ya es un gran alivio.


No pude ver Hostel, la más reciente peli de Eli Roth, que en lo particular creo que es un farsante (su famosa Cabin Fever, si me lo preguntan, es una basura con suerte), pero que corrió con la fortuna de que en esta ocasión lo produjera Tarantino, figura cuyo talante provocó que los reflectores se fueran sobre él durante la conferencia de presentación y provocara cierta molestia en Roth, aunque parece que sólo yo lo vi así (creo que sí me cae gordo el tío).


A muy grandes rasgos, eso ha sido Sitges 05. Una experiencia que todo interesado en la sangre, sudor, sexo, monstruos, cochinadas, patadas, balazos en el cine y un largo etcétera, sin duda, encontará como el verdadero paraíso. Desde aquí, vaya un abrazo a todos en Sitges, a toda la gente que opera en la sala de prensa del festival por su amable atención (de verdad), y espero no pase mucho tiempo de que vuelva a ver aquel enorme simio surcando las aguas de la costa catalana. [www.revistacinefagia.com : octubre 17 de 2005)



Sendero de violencia


Una historia violenta (A History of Violence) lleva por título el filme más reciente y aplaudido del cineasta canadiense David Cronenberg, y como una coincidencia extraña, que podríamos entender como la presencia del karma, igualmente funciona para definir y calificar el discurso creativo de este artista.


El filme se basa en una novela gráfica del mismo nombre (Paradox Press / Vertigo) escrita siete años atrás por el guionista inglés John Wagner (creador de Judge Dreed) y dibujada por Vince Locke, algo que Cronenberg desconocía hasta bien entrada la filmación de la película... aparentemente, aunque no sabía del origen de la historia, ya estaba escrito que en un futuro estaría involucrado con ella. El título parecía indicarlo.


Con una carrera que surca sobre cuatro décadas, la filmografía de Cronenberg es una de las más personales y peculiares en la historia, a partir de quince largometrajes en los que una contemplación filosófico sobre el cuerpo y la mente, a través de metáforas protagonizadas por fenómenos de la naturaleza y la ciencia, han dado como resultado un mensaje que ya ha arrojado línea en otros medios y que se le conoce como el reinado de la ‘nueva carne’.


“Creo que somos lo único en este universo, creo que no veremos nada de otro mundo en poco tiempo. Estamos atrapados en nosotros mismos, estamos solos, confundidos, desesperados por encontrar un sentido, nuestras memorias constantemente cambian y nos esforzamos por mantener una identidad, como sucede con Spider (su anterior filme, del mismo nombre) y Tom Stall (en Una historia violenta)”.


Las palabras son del propio Cronenberg, y junto con el resto del texto son parte de lo que dijo a pregunta expresa y durante la conferencia de Una historia violenta, filme que clausuró la pasada edición del Sitges 05. Festival Internacional de Cine de Cataluña, encuentro de cine fantástico en el que el cineasta es ya un incondicional desde 1975, cuando presentó exitosamente su primer filme, Shivers.


Violencia universal

En Una historia violenta, Viggo Mortensen encarna a Tom Stall, un pacífico estadounidense dueño de un café, lugar en el que inesperadamente se da un acto de violencia del cual resulta protagonista inesperado a los ojos suyos y los de todo el país: la televisión se encargó de convertirlo en una celebridad. La inmediatez y masificación televisiva lo hace blanco de una serie de amenazas que poco a poco parecen revelarlo como un individuo totalmente distinto al que parecía ser, incluso a ojos de su propia familia.


En Sitges, el actor calificó a Cronenberg como un director inteligente como pocos, un hombre que observa y estudia la personalidad de sus actores y personajes para arrojar, así, ambientes y acciones totalmente realistas.


“No vi al personaje como (uno con) dos personalidades o identidades distintas, y tampoco David lo hizo. Desde un principio estuvimos de acuerdo en que se trataba de una persona que iba a ser una combinación de todo el coctel que trae dentro de la cabeza. Como todos nosotros, que podemos ser distintas personas durante el día, dependiendo tan sólo de dónde o con quien estemos, y entre todo esto puede entrar la violencia”, explicó Mortensen, quien tuvo ocasión de inyectar con humor negro el tópico de la violencia, cuando el cineasta aseguró que para la preparación del filme el actor tuvo que matar a algunas personas, para que pudiera entender la situación, a lo que el actor aseguró que eso no causó mucho problema, pues Cronenberg le explicó que no era malo si mataba a alguien que no conociera, al menos en Canadá.


Ya en un tono desprendido de lo paródico, incluso un poco acusador, Mortensen comentó que le resulta irresponsable que en España, o en cualquier otro lugar, vean en la película un reflejo de la violencia que se da en un sólo lugar, pues “se trata de una película demasiado buena y complicada, como para reducirla a un comentario sobre la violencia en los EU o en cualquier parte. Y si estamos en Europa, creo que es demasiado fácil lavarse las manos y decir ‘mira lo violento que son los americanos’. Creo que es una forma de esquivar la violencia que existe en España y en cualquier otro país. En cualquier persona existe la violencia”.


La naturaleza de la bestia

Mucho de la transformación, de lo extraño a lo cotidiano, a la vida, la mente y el cuerpo en la filmografía de Cronenberg se transmite por vía sexual o agentes externos que poco a poco se van adaptando al ser humano. Pero con la violencia, desafortunadamente no se trata de una enfermedad, pues el cineasta explica se trata de “algo innato a la condición humana. Eso es lo que nos asusta, es parte de nuestro código genético. Y es así que tratamos de controlarlo en nuestra sociedad de muchas formas, disfrazándola de muchas formas, como el deporte. Pero el impulso de la violencia no es una enfermedad, sino que es parte de nuestra condición humana, y es por eso que es tan difícil hablar de ella”.


“El filme no es una propaganda de la violencia, que la condene o promueva; más bien, observa nuestra compleja relación con ella, pues es indudable que parte de la violencia presente en el filme es hilarante, mientras que otros momentos resultan repelentes y horrorizan. Todo artista sabe que para ser universal debe de ser específico. De esa forma decidimos que la película se desarrollaría en América, donde hay una actitud especial para con las armas, muy distinta a la de otros países. Debido a la historia del cine estadounidense sentimos que se trató del lugar indicado para la película, aunque no es una película sobre los Estados Unidos, sino sobre la condición humana”, agregó Cronenberg, quien para continuar con su peculiar sentido del humor informó que, ante tanta carga de violencia, al termino de la filmación todo el equipo salió a destruir Canadá. [Revista Playboy (México), diciembre de 2005]

miércoles 26 de agosto de 2009

Encarnação do Demônio, el Demonio no ha muerto


Ciclos en apariencia rigen nuestro entendimiento: Martin Scorsese se ha convertido en un hacedor de churros hollywoodenses de acción; David Cronenberg se ha cansado de su búsqueda autoral para entonces centrar su energía en realizar exquisitamente thrillers de historias mediocres; y Dario Argento finalmente presentó el capítulo final de su postergada trilogía de brujería, con la muy patética La terza madre.

Me atrevo a nombrar a estos otroras maestros y a usarlos como ejemplo, pues coinciden en generación y en una serie de logros artísticos que permanecen y cambiaron la historia del cine. Desafortunadamente parece que han completado un ciclo, que el gas se les acabó y pues, después de todo, supongo que creativo y excelente no se puede ser para siempre o, al menos, es realmente difícil lograrlo.

Ante esto, en años recientes, mi capacidad de asombro se ha ido empolvando un tanto ante la nueva incapacidad de antiguos maestros del cine para continuar logrando obras contundentes. Es así que, cuando me entero de la concreción o de la continuación de proyecto alguno de algún director respetado en algún momento, en lugar de entusiasmarme y confiar seriamente, respiro hondo y espero.

Así hice cuando la semana pasada me dirigí al Centro Cultural Universitario, en Ciudad Universitaria, para ver Encarnação do Demônio (Encarnación del demonio, 2008), de José Mojica Marins, mejor conocido como Zé de Caixão o Coffin Joe. En el marco de la 8ª edición de Macabro, Festival de Horror en Cine y Video, se presentó este filme que concluye la trilogía de Zé de Caixão, que Mojica Marins inició en 1964 con À meia-noite levarei sua alma (A medianoche me llevaré tu alma), y continuó en 1966 con Esta noite encarnarei no teu cadáver (Esta noche poseeré tu cadáver).

“Cuarenta años soportando” dice Zé de Caixão cuando sale de prisión en Encarnação do Demônio; ese mismo tiempo es el que Mojica Marins esperó para completar su trilogía y para que se le tomara más en cuenta como un realizador de valiosas ideas subversivas, y no como el mercachifle de filmes sangrientos que se le consideró por décadas y que lo mantuvo como un creador de filmes poco más que pornográficos y enfermos.



Zé de Caixão es uno de los símbolos más salvajes, peculiares y refrescantes en la historia del cine. De sombrero de copa, capa, barba y bigote y uñas larguísimas de mal aspecto, este personaje creado y personificado por el propio realizador es el non plus ultra de la irreverencia y la revolución: nacido en una mala noche, seguramente, reniega de toda creencia establecida y sobre todo de la existencia de Dios. Humilla al débil y utiliza toda clase de artimañas y violencia para conseguir lo que desea. Además de buscar la verdad, por más incómoda y vociferante que ésta sea, su principal objetivo en la vida es encontrar a la mujer ideal para concebir a su lado al hijo perfecto, al ser supremo. Para ello, su pareja deberá mostrar coraje, valor, fuerza e inteligencia ante cualquier horror y peligro. Ese camino está lleno de violencia y muerte.

Prácticamente, À meia-noite levarei sua alma y Esta noite encarnarei no teu cadáver componen un díptico de torturas y sangre, aunque con un heroico ejercicio nihilista como discurso. Tras estos, Mojica Marins se convirtió en una celebridad en su natal Brasil, aunque la inequidad del sistema cultural y cinematográfico lo llevaron a agazaparse casi de manera absoluta en la escena underground y a realizar su filmografía con muchos problemas de por medio.

Tras décadas de ignominia, Mojica Marins resurgió en este milenio gracias al interés de una nueva generación de entusiastas de su obra, y es así como en 2007 realiza el cierre de su sobresaliente trilogía.

Tras tanto tiempo, uno esperaría de forma normal la decadencia de un icono en pantalla. No obstante, las grandes uñas de Mojica Marins (aunque se ha dicho que ya son postizas) han mostrado gran garra al entregarnos una película igual de vital que los dos capítulos anteriores, y sin perder la carga subversiva del autor.

La búsqueda de la mujer ideal continúa, y a pesar de que Zé de Caixão muestra demencia senil y carcelaria, sus métodos continúan intactos y su ruidoso discurso sigue reverberando.

Al igual que Jodorowsky y López Moctezuma, Mojica Marins muestra un espíritu latino libre que planea sin prejuicio alguno: Encarnação do Demônio es un filme bello y ultraviolento, es un ejemplo de que el espíritu puede continuar incólume a pesar de todo. Ver a un maestro intacto es comparable a pocas cosas.

Encarnação do Demônio se presenta por segunda y última ocasión en cine en México mañana, jueves 27 de agosto, en la Cineteca Nacional, a las 21 horas, como parte del festival Macabro.





martes 18 de agosto de 2009

Drag Me To Hell


Hace 25 años The Evil Dead, de Sam Raimi -conocida en México como El despertar del Diablo-, seguramente se estrenó, cuando mucho, en unas 40 o 50 salas de la República Mexicana y, aunque no fue una película archirrequetecontrataquillera, fue generando cierto culto a su derredor, y como sucedió en infinidad de países más.

El próximo viernes, 21 de agosto, finalmente será estrenado en México Drag Me To Hell, Arrástrame al Infierno, el más reciente filme de Raimi y el cual contará con 320 copias en toda la República Mexicana. Esto, obviamente, quiere decir que estará en 320 salas al menos durante su semana de estreno.

Cómo han cambiado las cosas, ¿no? Por supuesto, en ese cuarto de siglo, mucho de lo que entonces fue subversivo y contestatario ahora es parte del mainstream, y las grandes salas de cine fueron destruidas para convertirlas en estacionamientos y, en el mejor de los casos, en salitas de cine. La proliferación de dichas salitas, y esa búsqueda de los empresarios por venderle al consumidor una idea de mejor servicio, es lo que actualmente permite que haya tantas copias de una sola película en exhibición; aunque igualmente Sam Raimi hoy día ya es respetado por todo mundo.

En poco más de 25 años estrenando filmes (pues recordemos que, en realidad, filmó gran parte de The Evil Dead desde 1979; es decir, lleva tres décadas realizando largometrajes), Raimi continúa siendo un autor espectacular.

Aunque es reverenciado por los entusiastas al cine de horror, en realidad podemos considerar que solamente el primer largometraje de Raimi, The Evil Dead, se inscribe dentro de dicho género; pues a pesar del claro coqueteo y la utilización de forma brillante de recursos del mismo en sus filmes (la trilogía de The Evil Dead y Darkman), estos se tratan de historias de aventuras y humor negro, mientras que aquél continúa siendo uno de los más brutales ejercicios en la historia de la cinematografía, y a pesar de que haya espectadores que lo vean como una comedia ante la exagerada y granguiñolesca forma del filme.

Drag Me To Hell ha sido anunciada sin reparos como la vuelta de Raimi al género que le dio un nombre. Aunque me parece que no está lejos de serlo, o en realidad lo es, los elementos caricaturescos y el humor negro no faltan igualmente en este filme.



Tengo que pedirles compren el número de este mes de la revista Cinemanía para que chequen lo que el mismo Raimi me dijo en entrevista (y, si quieren, después se la prestan a su mamá o hermana mayor para que chequen el texto que me aventé sobre Penny Marshall), pero les comento mientras que Drag Me To Hell fue como una especie de desintoxicación para el realizador tras tanta presión y gran presupuesto con la trilogía de Spider Man.

Como sabemos, más que guiones o historias, en los filmes de Raimi hay anécdotas y pretextos (con excepción de los filmes que no ha escrito él mismo, como la trilogía del trepamuros, o The Gift o A Simple Plan) para embarcarse entonces en un alucinante ejercicio formal y de estilo. Drag Me To Hell no es la excepción y, de hecho, no había necesidad para que lo fuera: una simple maldición es el catalizador que necesitaba la maquinaria Raimi para arrancar.

El rostro inocente y bello de Alison Lohman hace más impactante la serie de torturas y el martirio de su personaje protagónico Christine Brown, quien es una especie de Will-E Coyote en manos del director. La imposibilidad de Raimi por dejar a un lado la comedia, me parece, queda claro en la utilización de Justin Long como un personaje de carácter, actor de extracción cómica que en este trabajo logra una réplica sorprendente a la naturaleza horrorizante de la historia: Raimi sabe lo que quiere. Esto es notorio nuevamente con la transformación de la actriz Lorna Raver en una auténtica bitch from hell, que queda para la historia como uno de los monstruos humanos que sí dan miedo en pantalla.

Me parece que en algunos momentos Raimi pudo llegar mucho más lejos de lo logrado (caso concreto, la secuencia en la que aparece Adriana Barraza y una cabra, y en donde a este animal podrían haberlo convertido en algo verdaderamente diabólico); pero, en resumen, la película es un verdadero paseo por la montaña rusa y la casa de los sustos, en donde el maestro Raimi continúa mostrando una energía pura y única.

Risa inusitada y desesperación ante lo visto en pantalla nos llevan hasta el final de este filme, punto en el que reside algo que, aunque anunciado, resulta absolutamente aterrador, inolvidable y de fuerza inusitada.

Raimi sigue siendo un genio.


Después de las 12:00, cualquier cosa puede suceder: "San" Raimi y yo.

jueves 30 de julio de 2009

Con broche de oro: Santa Sangre por Canal 22

Era prácticamente un hecho que la muestra de filmes de Alexandro Jodorowsky que durante los pasados tres jueves tuvieron a bien transmitir por Canal 22 había llegado a su fin; sin embargo, una entrevista con el actor José Alonso, realizada durante el programa Noticias 22, previo a la transmisión de El Topo -el jueves 16 de julio-, ofreció una posible vuelta de tuerca a este histórico evento.

Entre su casi exagerado entusiasmo por recordar a su amigo y maestro, Alonso comentó que apenas había hablado con Jodorowsky para darle la noticia de la transmisión de sus películas por primera vez en televisión abierta, y que Jodo estaba más que sorprendido y feliz por el suceso. Tanta fue su emoción, que pidió a Alonso que durante su entrevista dijera que estaría muy satisfecho si también transmitieran Santa Sangre, y que respecto a derechos de transmisión no se preocuparan en el canal, pues les daba permiso para hacerlo sin problema alguno.

Obviamente, la misma emoción de Alonso hizo parecer esta noticia como un simple comentario al aire que casi, de hecho, fue reforzado por la mirada casi de incredulidad de los conductores del programa Laura Barrera y Julio Patán. Sabemos que en un medio tan cuadrado y burocrático como la televisión, difícilmente pueden tomarse en serio propuestas como éstas.

El caso es que para esta noche, a las 22 horas, está programada Santa Sangre, penúltimo filme de Jodorowsky hasta el momento; uno del cual también los derechos han sido un tanto problemáticos, pues pertenecen tanto a Jodorowsky, como a Claudio Argento y a unos supuestos productores japoneses.

Sin duda, se trata de un suceso que crece aún más el ya de por sí extraordinario evento que fue ver los tres primeros filmes de Jodo en la enana pantalla televisiva.

Si leen esto, no se la pierdan hoy por la noche. Y aquí dejo un texto que escribí hace tiempo a propósito del peculiarísimo soundtrack de Santa Sangre.



Todavía recuerdo cuando, en 1990, llegué corriendo a la Cineteca Nacional pateando el corazón, pues me iba a perder los primerísimos minutos de Santa Sangre, que se presentaba como parte del 10º Foro Internacional de la Cineteca Nacional. Junto con mi hermano y un amigo llegué a la sala con los ojos desorbitados y la lengua petrificada asomándose por la boca ante la inmensa carrera que nos aventamos desde el metro Coyoacán. Subimos apresuradamente los escalones de la sala y fue entonces que nos encontramos ante un suceso majestuoso: un águila sobrevolando la ciudad de México (la vista en primera ‘persona’), cruzando Anillo de Circunvalación, una serie de edificios cuyas azoteas manifiestan el decrépito estado de la zona con cierta belleza, y es entonces que el animal se posa sobre la cornisa de uno de estos inmuebles dando paso a una panorámica en las inmediaciones de La Merced donde se mira un circo, mientras Caballo Negro continúa in crescendo como acompañamiento de una secuencia inolvidable. Es entonces que Pérez Prado, para muchos, se nos reveló como el gran compositor que fue.

Ese golpe sensorial que significó la segunda secuencia de Santa Sangre (sí, llegué tarde y me perdí los primeros cinco minutos en los que vemos a Fénix, el protagonista, posado sobre un tronco muerto. Pero eso lo corregí no una, sino unas quince veces más -hasta el momento-, viendo el filme en repetidas ocasiones en Beta, VHS, DVD y, por supuesto, cine) son de las vivencias que permanecen cinceladas en mi cerebro, como sucede con todo el filme en general.

Este trabajo que significó el regreso de Alexandro Jodorowsky al cine y a México tras varios años alejado de ambos devino, desde aquel momento, en objeto de adoración y discusiones invariablemente (desde entonces sólo ha filmado The Rainbow Thief, en 1992, y, supuestamente, ahora trabaja en Los hijos del Topo –aunque hace poco se presentó en Venecia como protagonista de un filme italiano en el que interpreta a Beethoven). Homenaje al cine, al cómic, a la música, a México y a sí mismo, Jodorowsky en Santa Sangre logra una especie de orgasmo en comunión en el que todos, tanto él y su público, transforman el happening referencial que significa el filme en una comunión masiva.

De Santa Sangre son muchas las partes que brillan, una de ellas es el fabuloso score y soundtrack que componen el filme. Producida por Claudio Argento -hermano del célebre realizador italiano Dario Argento- , el filme es acompañado de un score que el mismo productor encargó al músico inglés Simon Boswell (quien también ha trabajado en alguno filmes de Dario), mientras que Jodorowsky se abocó a escoger algunas composiciones del rico catálogo de música mexicana, las cuales alcanzaron nuevos sentidos al empalmarse con las imágenes del filme.

Aún recuerdo que en el cartel del filme se anunciaba la existencia de un soundtrack bajo el sello de Cinevox, y eso era suficiente para que entonces fantaseara con la posibilidad de llegar a un Sanborns o un Gigante y me encontrara con una edición mexicana del soundtrack (recordemos que esto fue en tiempos preglobalizados, lo que significa que la importación era poca y cara). Los años pasaron, la importación se convirtió en algo común y las jóvenes generaciones perdieron el interés por el objeto y ahora todo lo bajan de internet y lo guardan en su iPod. Y a pesar de todos estos adelantos, pasaron tres lustros sin que pudiera conseguir tal disco, pues creo que no era el único individuo que lo buscaba con cierto ahínco, pues en las contadísimas ocasiones (dos o tres) que lo han subastado en internet durante los tres años que llevo metido ahí, me lo ganaron. Esto, afortunadamente no volvió a ocurrir hace poco [esto sucedió en enero de 2006].



Ya con el costo del envío, logré conseguir esta pieza en 9 libras y hace unos días el esperado sobre llegó a mi casa.

La edición, reza la contraportada, es inglesa; sin embargo, el disco acredita a Francia como el país maquilador, cualquiera sea el caso, es una lástima que un disco como éste no haya podido editarse en México, pues la relación es directa y con varios matices nacionales.

El filme se caracteriza por reunir –aparte del score de Boswell- varias populares composiciones mexicanas en ejecuciones altamente peculiares como La barca de Oro, interpretada por un coro que parece estar conformado por puras teporochas, Bésame mucho bajo la voz de un pobre actor de revista, además de Déjame llorar y Fin del mundo en la voz de Concha y Fénix, es decir, los personajes interpretados por Blanca Guerra y Axel Jodorowsky.

Todos ellos se incluyen en el soundtrack (aunque Fin del Mundo viene interpretado únicamente por el coro de la iglesia de Santa Sangre durante la demolición de ésta y no, como vemos también en el filme, por Concha y Fénix durante su impresionante encuentro musical), lo cual resulta afortunado, a pesar de que también quedaron fuera otros cortes musicales de lograda e irrepetible originalidad. En este punto me gustaría resaltar la presencia de una canción como Fin del mundo de la cual, ustedes disculparan, pero no tengo información o conocimiento alguno.

[Unos meses después fue publicado el libro El maestro y las magas, en el que Jodorowsky, entre otras memorias, habla precisamente de esa canción que se la tomó prestada a un intérprete y compositor callejero invidente de cierta sectilla con la cual, de hecho, interpretó dicha composición para el filme… si no equivocó el recuerdo de lo leído]

Este tema de fuerte y grotesca presencia parece delimitar la misma esencia del filme: transita por escenarios geográficos y mentales conocidos por todo mexicano, aunque causando una ruptura ante su oscuro mensaje.

Aunque contrastante con esa parte nacional mencionada, el score de Boswell no resulta menos satisfactorio. Si bien, éste no se encuentra exento de ciertos pasajes planos y escasos de mayor cantidad de matices sonoros, que por supuesto funcionan de forma correcta sobre las imágenes en pantalla, contiene igualmente varios momentos brillantes, como son Sweet Dreams, Holy Guitar, Triste y Alma, en las que, tan sólo con guitarra acústica y teclados, Boswell consigue reproducir el sentido de los estados de ánimo de los personajes en cada secuencia. Esto sucede de manera sobresaliente con Alma, una secuencia de sonidos que evocan la tristeza y melancolía de un personaje (Fénix, aunque el título evoqué a su liberadora) que ha buscado la libertad y al cual, Jodorowsky, finalmente se la entrega al cierre del filme en una forma por demás brillante en la cual el aprisionamiento deviene en aquello, libertad.

En teoría debe existir una edición en vinil de este soundtrack –objeto aún más preciado-, pero cuando el material es escaso, algo tan pequeño como un CD puede significar la felicidad.


viernes 10 de julio de 2009

¡Ha muerto el Mito! ¡Viva el Mito!

Klein, Lennon y Ono acordando el rumbo de la historia


El martes pasado, 7 de julio, fue enterrado Allen Klein, tras 77 años de vida y varios años de batallar con Alzheimer –ahora nos enteramos.

Platicando con un buen amigo, comentábamos que era profundamente significativo que Klein sufriera los últimos años de su vida esta terrible enfermedad, que obliga al desapego con seres y cosas ante la inminente pérdida progresiva de la memoria. Saben, Klein construyó su carrera, vida, y así el rumbo de cierto trozo importante de la historia de las artes, en base a la administración de la obra de un buen número de artistas y a la apropiación misma del dinero de muchos de estos.

Su vida la paso prácticamente ganando demandas de artistas para con disqueras y editoras, y después haciéndose de los derechos de algunas de los mismos artistas. Su vida la terminó desapegado de prácticamente todo recuerdo de esto.

Entre sus logros más sonados está el haber manejado a The Rolling Stones, entre 1965 y 1970, renegociando para ellos de forma jugosa su contrato con su disquera. No obstante, cuando quisieron deshacerse de él únicamente lo lograron cediéndole los derechos de algunas de sus canciones, como (I Can't Get No) Satisfaction y Jumpin' Jack Flash, como las notas de agencia lo manejaron en los últimos días.

Y por aquella época puso el ojo en The Beatles, afortunadamente para estos músicos se encontraban a punto de separarse como banda (por lo que Klein no tuvo mucho tiempo para inmiscuirse); aunque igualmente se dice que la presencia de Klein fue una de las razones de la desintegración.

De cualquier forma, durante los últimos meses de The Beatles como banda Klein fue su representante, y siguió trabajando con John Lennon, ya fuera de los fab four. Prácticamente con el dinero que ganó con la banda fue que fundó su compañía ABCKO con la cual, además de sus proyectos, le dio salida a otros del mismo Lennon. Uno de estos fue distribuirle a Alexandro Jodorowsky su filme El Topo (1969, del que Lennon quedó encantando tras verla en funciones de medianoche en Nueva York), y producirle su siguiente filme The Holy Mountain (1973).


Jodorowsky y Klein sonrientes ante lo logrado


La historia de estos trabajos continúa –creo- siendo un suceso mítico para lo cual les conmino a buscar las pistas entre los diversos libros de Jodorowsky. Los filmes se realizaron bien en su momento, pero hubo un suceso importante que cambió la historia de estos hombres, y creó un momento histórico en la historia del arte subversivo.

A continuación pongo un extracto de lo que Jodorowsky me dijo en una entrevista que le realicé hace tres años:

“Allen Klein me dijo que nadie vería mis películas. ¡Nunca! [Tras dejar plantado a Klein para comenzar un cine industrial con una adaptación a La historia de O, decidió retener y enlatar las películas de Jodorowsky] Y un día, de pronto, decidí hacer la guerra: Encontré un negativo bueno de El Topo, y se lo di a un pirata. Le dije: ‘Publícalo, yo te doy el permiso, te lo firmo; y cuando te demande Klein, dile que yo lo firmé, quiero entrarle a la guerra’.

Entonces, por suerte me encontré un abogado que me admiraba, el más genial de todos, hermoso porque padecía un mal y cojeaba como Quasimodo. El abogado monstruoso me encanta. Él me iba a cobrar por porcentaje, mientras que Klein pagaba 500 dólares la hora a abogados de Inglaterra. Un día decidí hablarle a su hijo y le dije: ‘¿Por qué no hacemos esto como algo amigable?, ¿por qué no me veo con tu papá?’. Así hicimos una cita, nos vimos en Londres, se acabó la pelea y nos dimos cuenta de que no éramos monstruos, sino dos caballeros, antiguos, de pelo blanco, viviendo una cosa que sucedió cuando éramos jóvenes”.

Efectivamente, hace unos años estos acérrimos enemigos llegaron a un acuerdo cuya imposibilidad durante más de tres décadas hizo del cine de Jodorowsky algo poco menos que una epifanía: antes de convertirse en filmes inconseguibles, Fando y Lis (1969) y El Topo se ganaron prácticamente una censura mundial desde México, por sus temas, su apertura y descaro en la forma de tratarlos, así como de lograr que Jodorowsky se hiciera de enemigos en una buena parte de la sociedad artística mexicana.

De ahí, la consagración como artista subversivo continuó en Francia y desde Estados Unidos, y con ayuda de Lennon y Klein, se le miró entonces como un chamán pre-globalización. Fue de esa forma que, tras enlatar los filmes mencionados por parte de Klein, la obra de Jodorowsky se convirtió en una especie de Necronomicón, del que existía cierta información, se rumoraba mucho en ciertos círculos y, los más aventurados buscadores, habían logrado conocerlas a través de formas clandestinas en condiciones paupérrimas.

Hace cosa de tres años, este mito se trastocó considerablemente con la edición de los tres filmes en versión restaurada en DVD, ya como resultado del amable reecuentro entre Klein y Jodorowsky. La imagen y sonido en perfecta definición, no solo limpiaron la imagen guardada de las antiguas copias clandestinas, igualmente la experiencia fue otra, y las culpas, censuras y mentiras desaparecieron, como si se trataran de otras películas. El mismo Jodorowsky, entonces, me dijo que se sentía mucho muy distinto a la persona que hizo aquellas películas.

Una historia de comprender y construir en base a lo prohibido, de entender al mundo desde el bunker de lo censurado y condenado parecía irse entonces con el rescate de estos filmes.




Y ayer, jueves 9, cambiando los canales televisivos me encuentro en el Canal 22 con la transmisión de Fando y Lis, basada en una pieza teatral de Fernando Arrabal, como inicio de un ciclo dedicado a Jodorowsky compuesto por sus tres filmes mencionados (los dos restantes los siguientes dos jueves). Al momento, a través de los años, he acumulado ya versiones piratas de los filmes en VHS y DVD, y ediciones en Laser Disc, Video y DVD, oficiales, semioficiales y remasterizadas. Es decir, en apariencia, nada puede decirme ya su transmisión a través de un canal de televisión abierta… pero con estos filmes el caso es otro.

La transmisión de los filmes de Jodorowsky a través de un canal abierto de TV, y uno administrado por el propio Gobierno, nos habla de un mundo transformado. Jodorowsky fue aquél vetado de Televisa y la TV por destruir un piano con un hacha en vivo, y decir que las telenovelas estaban llenas de vacas actuando. Jodorowsky, fue aquél amenazado de muerte por Emilio “El Indio” Fernández, por la forma en que se burló de México en sus filmes. Jodorowsky fue aquél corrido de México por considerársele un extranjero pernicioso. Jodorowsky, es aquél que obtuvo mucho en México, que le ha dado mucho a México, que ha dicho querer mucho a México, y que también ha hablado mal de México fuera de este lugar. Jodorowsky es aquél que nos ha dado mucho a través de su obra, y que ha construido referencias y formas de entender nuestra realidad con su trabajo, y con la misma censura que ha sufrido.

Es así, que al mirar Fando y Lis en TV abierta este jueves, ha sido una experiencia estremecedora. Fue como si una historia de censuras y de copar la libertad, se viniera abajo. Como si los mitos, de repente, ya no fueran necesarios y se les desapareciera apretando un botón. Además, el tiempo televisivo parece transformar todo a través de su pantalla y sus pausas comerciales. Es como si todo lo que su pantalla reproduce, entonces, pasara a formar parte de la historia. Es un tiempo distinto al de la reproducción en DVD o videocasete, la televisión de cierta forma eterniza… crea mitos.

Puedo pensar que la psicomagia llevó a Jodorowsky a contactarse con Klein, en un momento en el que su vida debía cambiar ante una enfermedad producto del karma. Fue el momento de llegar a un acuerdo para acabar con un mito, y dejar el camino abierto para que entonces uno nuevo surja.

lunes 18 de mayo de 2009

Fangoria: Tres décadas de crepitar

Trece años tenía cuando compré mi primer número de Fangoria (fue el logro de una alianza económica y de intereses afines, como en muchas otras ocasiones, con mi hermano mayor). Fue en 1988, el número era el 78, con fecha de portada de octubre, y con foto de portada hermosa de Pinhead, con una calidad irrepetible producto aún de la fotomecánica. La descarnada y macerada presencia del principal cenobita estaba fondeada por un azul que permitía ver una humarada desprendiendose de su cuello. Simplemente inolvidable. Aún eran los años de esplendor de esta revista.



Nuestro amor por los monstruos y creciente interés por el cine de géneros había sido trastocado absolutamente por la llegada de las videocaseteras. Es bajo esa atmósfera y contexto que nuestras pubertas mentes se shockearon al ver tal ejemplar entre la oferta de revistas en Sanborns, específicamente el de Villa Coapa (el de Acoxpa… Galerías Coapa todavía ni existía).

Entonces, la revista aún se componía casi de tres cuartas partes en blanco y negro y una en color, para las fotos más sugerentes y guacareantes propuestas por los diversos filmes. En aquel número nos enteramos de filmes como They Live (una pequeña joya de John Carpenter, que año con año gana más adeptos), The Blob (el remake de Chuck Russell), Hellbound (con entrevista a Clive Barker) y Dead Ringers, éste último, filme de David Cronenberg (hoy día, un cineasta más que parece se fatigó tras tantas propuestas de ruptura, convirtiéndose en otro maquilador hollywoodense) que cambiaría fuertemente nuestra percepción del cine uno o dos años después, cuando conseguimos una copia pirata en Tepito, y que incluso se convirtió en el master de material que anduvo rondando en el Tianguis Cultural del Chopo.

La realidad de una publicación que hablara sobre las obras que nos importaban, con entrevistas e información de primera mano, reforzada –por supuesto- por imágenes de la mejor calidad y sin miedo a ser explícitas era de no creerse: El Infierno ante nosotros se convertía en Cielo. Afortunadamente, el único problema que teníamos era económico, pues nuestros padres nunca censuraron nuestros intereses (fuera de la desaparición misteriosa de una copia de Pink Flamingos), y miren que conocí de cerca historias de censura bien oscurantistas, precisamente a razón de la compra de Fangoria y Gorezone (publicación hermana que hoy regresa en versión electrónica), y que me convirtieron en algo más que mala influencia, tal vez algo así como pervertidor ante los ojos de la acusadora madre de mi amigo.


El caso es que la lectura, y la sola experiencia de ver y hojear Fangoria, entonces, fue reveladora. No sólo sus entrevistas, artículos y reseñas me informaron; igualmente lo hicieron las ilustradas y sugerentes secciones de anuncios, donde la oferta era enorme, pero más grande aún eran las fantasías que esto despertaba. Desde el anuncio de compañías que se dedicaban a localizar u ofertar cualquier extraño filme (como la pionera Something Weird Video, o Video Search of Miami), hasta la venta de mascaras y props para Hallooween, o las primeras y muy anheladas figuras de Leatherface, Jason Voorhes y Freddy Krueger. Eso era el alucine en todo su esplendor, y era una antigua costumbre en el género, instaurada desde los años 60 en la pionera Famous Monsters of Filmland, fundada y editada por San Forrest J. Ackerman, patrono del fandom, revista en la que la vendimia de parafernalia parece que le dio sentido al entretenimiento.

Fangoria, efectivamente, era la heredera de FMoF. Su primer número apareció en mayo de 1979, con una imagen de Godzilla en portada y que en conjunto se han convertido en un clásico. Entonces había otras revistas como The Monsters Times, Cinefantastique (realmente bella durante un par de décadas) y la misma FMoF, pero el grafismo propuesto por Fangoria y la renovada pasión por el cine de horror que comunicaban los chorros de palabras, frases e ideas entre sus páginas, creó una nueva escena del cine de horror y varias generaciones de autores que le deben su carrera, sin exagerar, a esta publicación.

Sin duda, la lectura de Fangoria fue una de mis principales razones para inclinarme hacia el periodismo como forma de ver la vida; y aunque desafortunadamente no el talento, sí comparto la inspiración y agradecimiento que a esta publicación le deben autores como Quentin Tarantino, Greg Nicotero, Peter Jackson y Guillermo del Toro, por nombrar algunos, quienes en repetidas ocasiones han dicho que Fangoria es parte importante de su formación.



Con el paso de los años he podido adquirir algunos de los primeros números de esta revista, entre ellos el mismo número 1, y realmente son cápsulas de tiempo que provocan epifanías. Fangoria es la única de su generación que prevalece. Tanto Cinefantastique, como Video Watchdog, Psycotronic Magazine, Slaughterhouse y otras publicaciones, han ido quedándose en el camino y ante la indiferencia de los lectores.

Hace un par de años, la bodega en la que se guardaba todo el bagaje de números atrasados de Fangoria fue consumida por un incendio, y en en éste se fueron grandes posibilidades de adquirir estos números. Ahora, sólo a través de tiendas de cómics y revistas es posible conseguir algún número y, por supuesto, con probabilidades muy grandes de encontrarlos a precios no muy buenos.

En la actualidad, he de decir que la lectura de la actual Fangoria no me provoca el mismo placer que antaño. Hoy día, aquellas secciones de vendimia han tomado un papel preponderante en la industria siendo ahora tan importantes como las mismas películas. De esa forma las publicaciones han tenido que cambiar, y esfuerzos editoriales como HorrorHound y Rue Morgue parecen estar más a tono con el momento. Aún así, Fangoria llega con su número 284, de este mes de mayo, a su 30 Aniversario, y lo hace de forma por demás elocuente e impactante: Un collage obra de Clive Barker es la portada y entrada a una interesante entrevista con este artista, uno de los autores que la revista ha apoyado desde el inicio de su carrera. Además de entrevistas con Sam Raimi, George A. Romero y Wes Craven, las casi 100 páginas de la revista se complementan con más de 50 declaraciones de distintos personajes, involucrados con el cine o con la misma publicación, sobre su relación con ésta.

Tras 21 años de leer Fangoria me doy cuenta de que he envejecido más de lo que me he dado cuenta, pero ha sido una buena forma de hacerlo y la cual agradezco enormemente.


viernes 24 de abril de 2009

Jack Cardiff, hacedor de mutantes e imágenes bellas


Steve Bissette posee una página importantísima en la historia de la historieta, al ser el dibujante, junto al entintador y también ilustrador fenomenal John Totleben, de la mayoría de las historias de Swamp Thing escritas por el maestro Alan Moore. Bissette y Totleben a mediados de los años 80 del pasado siglo lograron en este título un grafismo desconocido hasta ese momento, y hoy día su trabajo continúa siendo absolutamente impactante: Un clásico.

Junto a esto, Bissette es uno de los conocedores y entusiastas del cine de horror y extraño más enterados que yo conozca a través de revistas y libros. Entre otras, Bissette escribió durante años para la revista especializada Video Watchdog, editada por Tim Lucas, y posee varios libros sobre sus muy incisivos textos sobre cine marginal.

Ayer mismo checaba el blog de Bissette, tras no hacerlo durante varios días, y me encontré con una serie de posts sobre montruos-plantas en algunos filmes realmente oscuros. Entre los trabajos mencionados, el maestro Bissette me hizo una vez más feliz pues habló gratamente de The Freakmaker, también conocido como Mutations. Este filme de 1975 es uno realmente enfermo, y que me gusta un buen. Lo llegaron a pasar por canal 5 de Televisa en los 80, y tal vez todavía en los 90, no puedo recordar ahora cómo lo titularon (creo que Doctor Satánico), pero es una joya inglesa de explotación con fenómenos reales y un científico enloquecido que experimenta con humanos para hacer mutantes vegetales.



Donald Pleasence una vez más hace un papel inolvidable como el doctor maligno; Tom Baker, antes de ser el Dr. Who, la hace de su ayudante tullido; y sale la mamacita Julie Ege, quien igualmente hizo lo propio en filmes de la Hammer Films durante aquella época.

El filme posee los escenarios, feeling y atmósferas de todos esos filmes ingleses de los 70, unos colores preciosos, una pasarela de freaks reales y una historia bien ojeis, en la que se mezclan ciertos elementos de Freaks, de Todd Browning, y una historia de científico loco con víctima tipo Seth Brundle o John Merrick. En resumen, se trata de una joyita de explotación de una época irrepetible.

Yo desde la primera vez que vi este filme en la TV caí bajo su hechizo, a pesar de que mi hermano siempre me estuvo jorobando diciendo que era una chingadera la película. De hecho hay una historia bien curiosa, pues hace años (yo creo por el 90 o 91, cuando las películas originales en videocasete aún eran poco comercializadas y, en su mayoría, sólo para renta), en uno de nuestros constantes viajes a Tepito en busca de tesoros en Beta y VHS, en piratería u original, nos encontramos una copia original de The Freakmaker, editada por uno de esos sellos mexicanos que publicaban puros títulos de explotación; y pues muy barata no nos salió, pero pudimos comprarla finalmente. Yo estaba feliz, y Rogelio más o menos, pues aunque el filme no era mucho de su agrado, la presentación de la caja estaba bien chingona: con la portada que se desplegaba y daba lugar a un dibujo sangriento y con chuletona semidesnuda incluida, que nada tenía que ver con el filme, pero que es uno de esos excesos sinsentido obvios en este subgénero.



Como deben entender, la vida de un cinéfilo o cinéfago de aquella época era complicada, aunque excitante. Ante la poca posibilidad de conseguir películas originales, uno debía hacer toda clase de bisnes y aprovechar toda ocasión. Así, cuando algún original aparecía de manera milagrosa en algún puesto de cambio en un tianguis, la única manera de obtenerlo era comprándolo o cambiándolo por otro original. Fue así que nos abocamos a hacer una copia del original de The Freakmaker, para intercambiar la cinta de ésta por la original, y de esa forma cambiar la copia y quedarnos nosotros con la original, en el chasis de un videocasete normal.

Poco después me arrepentiría amargamente, pues el arte de la caja era realmente grotesco. Pero bueno, el caso es que todo eso llegué a hacer con este filme y poseo ya mi ejemplar en DVD. Y ayer recordaba muy buenos momentos con lo que el maestro Steve Bissette rememoraba a su vez.

Este filme realizado por Jack Cardiff, así, es una anomalía. Cardiff en mayor medida se conoció por su talentoso trabajo en la cámara, para filmes como Black Narcisus y Red Shoes, ambos de Michael Powell; The African Queen, de John Huston; y Ghost Story, Rambo II: First Blood y Conan the Destroyer, entre otros. The Freakmaker fue su penúltimo filme, y distinto al resto que realizó.

Hoy por la mañana me conecto, me dirijo al blog de Heidi McDonald, y me encuentro con la noticia de que Jack Cardiff ha muerto. De hecho, que murió el miércoles pasado.

Este es un mundo extraño; y la vida y la muerte inesperadas, como bien sabemos.