miércoles, 26 de agosto de 2009

Encarnação do Demônio, el Demonio no ha muerto


Ciclos en apariencia rigen nuestro entendimiento: Martin Scorsese se ha convertido en un hacedor de churros hollywoodenses de acción; David Cronenberg se ha cansado de su búsqueda autoral para entonces centrar su energía en realizar exquisitamente thrillers de historias mediocres; y Dario Argento finalmente presentó el capítulo final de su postergada trilogía de brujería, con la muy patética La terza madre.

Me atrevo a nombrar a estos otroras maestros y a usarlos como ejemplo, pues coinciden en generación y en una serie de logros artísticos que permanecen y cambiaron la historia del cine. Desafortunadamente parece que han completado un ciclo, que el gas se les acabó y pues, después de todo, supongo que creativo y excelente no se puede ser para siempre o, al menos, es realmente difícil lograrlo.

Ante esto, en años recientes, mi capacidad de asombro se ha ido empolvando un tanto ante la nueva incapacidad de antiguos maestros del cine para continuar logrando obras contundentes. Es así que, cuando me entero de la concreción o de la continuación de proyecto alguno de algún director respetado en algún momento, en lugar de entusiasmarme y confiar seriamente, respiro hondo y espero.

Así hice cuando la semana pasada me dirigí al Centro Cultural Universitario, en Ciudad Universitaria, para ver Encarnação do Demônio (Encarnación del demonio, 2008), de José Mojica Marins, mejor conocido como Zé de Caixão o Coffin Joe. En el marco de la 8ª edición de Macabro, Festival de Horror en Cine y Video, se presentó este filme que concluye la trilogía de Zé de Caixão, que Mojica Marins inició en 1964 con À meia-noite levarei sua alma (A medianoche me llevaré tu alma), y continuó en 1966 con Esta noite encarnarei no teu cadáver (Esta noche poseeré tu cadáver).

“Cuarenta años soportando” dice Zé de Caixão cuando sale de prisión en Encarnação do Demônio; ese mismo tiempo es el que Mojica Marins esperó para completar su trilogía y para que se le tomara más en cuenta como un realizador de valiosas ideas subversivas, y no como el mercachifle de filmes sangrientos que se le consideró por décadas y que lo mantuvo como un creador de filmes poco más que pornográficos y enfermos.



Zé de Caixão es uno de los símbolos más salvajes, peculiares y refrescantes en la historia del cine. De sombrero de copa, capa, barba y bigote y uñas larguísimas de mal aspecto, este personaje creado y personificado por el propio realizador es el non plus ultra de la irreverencia y la revolución: nacido en una mala noche, seguramente, reniega de toda creencia establecida y sobre todo de la existencia de Dios. Humilla al débil y utiliza toda clase de artimañas y violencia para conseguir lo que desea. Además de buscar la verdad, por más incómoda y vociferante que ésta sea, su principal objetivo en la vida es encontrar a la mujer ideal para concebir a su lado al hijo perfecto, al ser supremo. Para ello, su pareja deberá mostrar coraje, valor, fuerza e inteligencia ante cualquier horror y peligro. Ese camino está lleno de violencia y muerte.

Prácticamente, À meia-noite levarei sua alma y Esta noite encarnarei no teu cadáver componen un díptico de torturas y sangre, aunque con un heroico ejercicio nihilista como discurso. Tras estos, Mojica Marins se convirtió en una celebridad en su natal Brasil, aunque la inequidad del sistema cultural y cinematográfico lo llevaron a agazaparse casi de manera absoluta en la escena underground y a realizar su filmografía con muchos problemas de por medio.

Tras décadas de ignominia, Mojica Marins resurgió en este milenio gracias al interés de una nueva generación de entusiastas de su obra, y es así como en 2007 realiza el cierre de su sobresaliente trilogía.

Tras tanto tiempo, uno esperaría de forma normal la decadencia de un icono en pantalla. No obstante, las grandes uñas de Mojica Marins (aunque se ha dicho que ya son postizas) han mostrado gran garra al entregarnos una película igual de vital que los dos capítulos anteriores, y sin perder la carga subversiva del autor.

La búsqueda de la mujer ideal continúa, y a pesar de que Zé de Caixão muestra demencia senil y carcelaria, sus métodos continúan intactos y su ruidoso discurso sigue reverberando.

Al igual que Jodorowsky y López Moctezuma, Mojica Marins muestra un espíritu latino libre que planea sin prejuicio alguno: Encarnação do Demônio es un filme bello y ultraviolento, es un ejemplo de que el espíritu puede continuar incólume a pesar de todo. Ver a un maestro intacto es comparable a pocas cosas.

Encarnação do Demônio se presenta por segunda y última ocasión en cine en México mañana, jueves 27 de agosto, en la Cineteca Nacional, a las 21 horas, como parte del festival Macabro.





martes, 18 de agosto de 2009

Drag Me To Hell


Hace 25 años The Evil Dead, de Sam Raimi -conocida en México como El despertar del Diablo-, seguramente se estrenó, cuando mucho, en unas 40 o 50 salas de la República Mexicana y, aunque no fue una película archirrequetecontrataquillera, fue generando cierto culto a su derredor, y como sucedió en infinidad de países más.

El próximo viernes, 21 de agosto, finalmente será estrenado en México Drag Me To Hell, Arrástrame al Infierno, el más reciente filme de Raimi y el cual contará con 320 copias en toda la República Mexicana. Esto, obviamente, quiere decir que estará en 320 salas al menos durante su semana de estreno.

Cómo han cambiado las cosas, ¿no? Por supuesto, en ese cuarto de siglo, mucho de lo que entonces fue subversivo y contestatario ahora es parte del mainstream, y las grandes salas de cine fueron destruidas para convertirlas en estacionamientos y, en el mejor de los casos, en salitas de cine. La proliferación de dichas salitas, y esa búsqueda de los empresarios por venderle al consumidor una idea de mejor servicio, es lo que actualmente permite que haya tantas copias de una sola película en exhibición; aunque igualmente Sam Raimi hoy día ya es respetado por todo mundo.

En poco más de 25 años estrenando filmes (pues recordemos que, en realidad, filmó gran parte de The Evil Dead desde 1979; es decir, lleva tres décadas realizando largometrajes), Raimi continúa siendo un autor espectacular.

Aunque es reverenciado por los entusiastas al cine de horror, en realidad podemos considerar que solamente el primer largometraje de Raimi, The Evil Dead, se inscribe dentro de dicho género; pues a pesar del claro coqueteo y la utilización de forma brillante de recursos del mismo en sus filmes (la trilogía de The Evil Dead y Darkman), estos se tratan de historias de aventuras y humor negro, mientras que aquél continúa siendo uno de los más brutales ejercicios en la historia de la cinematografía, y a pesar de que haya espectadores que lo vean como una comedia ante la exagerada y granguiñolesca forma del filme.

Drag Me To Hell ha sido anunciada sin reparos como la vuelta de Raimi al género que le dio un nombre. Aunque me parece que no está lejos de serlo, o en realidad lo es, los elementos caricaturescos y el humor negro no faltan igualmente en este filme.



Tengo que pedirles compren el número de este mes de la revista Cinemanía para que chequen lo que el mismo Raimi me dijo en entrevista (y, si quieren, después se la prestan a su mamá o hermana mayor para que chequen el texto que me aventé sobre Penny Marshall), pero les comento mientras que Drag Me To Hell fue como una especie de desintoxicación para el realizador tras tanta presión y gran presupuesto con la trilogía de Spider Man.

Como sabemos, más que guiones o historias, en los filmes de Raimi hay anécdotas y pretextos (con excepción de los filmes que no ha escrito él mismo, como la trilogía del trepamuros, o The Gift o A Simple Plan) para embarcarse entonces en un alucinante ejercicio formal y de estilo. Drag Me To Hell no es la excepción y, de hecho, no había necesidad para que lo fuera: una simple maldición es el catalizador que necesitaba la maquinaria Raimi para arrancar.

El rostro inocente y bello de Alison Lohman hace más impactante la serie de torturas y el martirio de su personaje protagónico Christine Brown, quien es una especie de Will-E Coyote en manos del director. La imposibilidad de Raimi por dejar a un lado la comedia, me parece, queda claro en la utilización de Justin Long como un personaje de carácter, actor de extracción cómica que en este trabajo logra una réplica sorprendente a la naturaleza horrorizante de la historia: Raimi sabe lo que quiere. Esto es notorio nuevamente con la transformación de la actriz Lorna Raver en una auténtica bitch from hell, que queda para la historia como uno de los monstruos humanos que sí dan miedo en pantalla.

Me parece que en algunos momentos Raimi pudo llegar mucho más lejos de lo logrado (caso concreto, la secuencia en la que aparece Adriana Barraza y una cabra, y en donde a este animal podrían haberlo convertido en algo verdaderamente diabólico); pero, en resumen, la película es un verdadero paseo por la montaña rusa y la casa de los sustos, en donde el maestro Raimi continúa mostrando una energía pura y única.

Risa inusitada y desesperación ante lo visto en pantalla nos llevan hasta el final de este filme, punto en el que reside algo que, aunque anunciado, resulta absolutamente aterrador, inolvidable y de fuerza inusitada.

Raimi sigue siendo un genio.


Después de las 12:00, cualquier cosa puede suceder: "San" Raimi y yo.

jueves, 30 de julio de 2009

Con broche de oro: Santa Sangre por Canal 22

Era prácticamente un hecho que la muestra de filmes de Alexandro Jodorowsky que durante los pasados tres jueves tuvieron a bien transmitir por Canal 22 había llegado a su fin; sin embargo, una entrevista con el actor José Alonso, realizada durante el programa Noticias 22, previo a la transmisión de El Topo -el jueves 16 de julio-, ofreció una posible vuelta de tuerca a este histórico evento.

Entre su casi exagerado entusiasmo por recordar a su amigo y maestro, Alonso comentó que apenas había hablado con Jodorowsky para darle la noticia de la transmisión de sus películas por primera vez en televisión abierta, y que Jodo estaba más que sorprendido y feliz por el suceso. Tanta fue su emoción, que pidió a Alonso que durante su entrevista dijera que estaría muy satisfecho si también transmitieran Santa Sangre, y que respecto a derechos de transmisión no se preocuparan en el canal, pues les daba permiso para hacerlo sin problema alguno.

Obviamente, la misma emoción de Alonso hizo parecer esta noticia como un simple comentario al aire que casi, de hecho, fue reforzado por la mirada casi de incredulidad de los conductores del programa Laura Barrera y Julio Patán. Sabemos que en un medio tan cuadrado y burocrático como la televisión, difícilmente pueden tomarse en serio propuestas como éstas.

El caso es que para esta noche, a las 22 horas, está programada Santa Sangre, penúltimo filme de Jodorowsky hasta el momento; uno del cual también los derechos han sido un tanto problemáticos, pues pertenecen tanto a Jodorowsky, como a Claudio Argento y a unos supuestos productores japoneses.

Sin duda, se trata de un suceso que crece aún más el ya de por sí extraordinario evento que fue ver los tres primeros filmes de Jodo en la enana pantalla televisiva.

Si leen esto, no se la pierdan hoy por la noche. Y aquí dejo un texto que escribí hace tiempo a propósito del peculiarísimo soundtrack de Santa Sangre.



Todavía recuerdo cuando, en 1990, llegué corriendo a la Cineteca Nacional pateando el corazón, pues me iba a perder los primerísimos minutos de Santa Sangre, que se presentaba como parte del 10º Foro Internacional de la Cineteca Nacional. Junto con mi hermano y un amigo llegué a la sala con los ojos desorbitados y la lengua petrificada asomándose por la boca ante la inmensa carrera que nos aventamos desde el metro Coyoacán. Subimos apresuradamente los escalones de la sala y fue entonces que nos encontramos ante un suceso majestuoso: un águila sobrevolando la ciudad de México (la vista en primera ‘persona’), cruzando Anillo de Circunvalación, una serie de edificios cuyas azoteas manifiestan el decrépito estado de la zona con cierta belleza, y es entonces que el animal se posa sobre la cornisa de uno de estos inmuebles dando paso a una panorámica en las inmediaciones de La Merced donde se mira un circo, mientras Caballo Negro continúa in crescendo como acompañamiento de una secuencia inolvidable. Es entonces que Pérez Prado, para muchos, se nos reveló como el gran compositor que fue.

Ese golpe sensorial que significó la segunda secuencia de Santa Sangre (sí, llegué tarde y me perdí los primeros cinco minutos en los que vemos a Fénix, el protagonista, posado sobre un tronco muerto. Pero eso lo corregí no una, sino unas quince veces más -hasta el momento-, viendo el filme en repetidas ocasiones en Beta, VHS, DVD y, por supuesto, cine) son de las vivencias que permanecen cinceladas en mi cerebro, como sucede con todo el filme en general.

Este trabajo que significó el regreso de Alexandro Jodorowsky al cine y a México tras varios años alejado de ambos devino, desde aquel momento, en objeto de adoración y discusiones invariablemente (desde entonces sólo ha filmado The Rainbow Thief, en 1992, y, supuestamente, ahora trabaja en Los hijos del Topo –aunque hace poco se presentó en Venecia como protagonista de un filme italiano en el que interpreta a Beethoven). Homenaje al cine, al cómic, a la música, a México y a sí mismo, Jodorowsky en Santa Sangre logra una especie de orgasmo en comunión en el que todos, tanto él y su público, transforman el happening referencial que significa el filme en una comunión masiva.

De Santa Sangre son muchas las partes que brillan, una de ellas es el fabuloso score y soundtrack que componen el filme. Producida por Claudio Argento -hermano del célebre realizador italiano Dario Argento- , el filme es acompañado de un score que el mismo productor encargó al músico inglés Simon Boswell (quien también ha trabajado en alguno filmes de Dario), mientras que Jodorowsky se abocó a escoger algunas composiciones del rico catálogo de música mexicana, las cuales alcanzaron nuevos sentidos al empalmarse con las imágenes del filme.

Aún recuerdo que en el cartel del filme se anunciaba la existencia de un soundtrack bajo el sello de Cinevox, y eso era suficiente para que entonces fantaseara con la posibilidad de llegar a un Sanborns o un Gigante y me encontrara con una edición mexicana del soundtrack (recordemos que esto fue en tiempos preglobalizados, lo que significa que la importación era poca y cara). Los años pasaron, la importación se convirtió en algo común y las jóvenes generaciones perdieron el interés por el objeto y ahora todo lo bajan de internet y lo guardan en su iPod. Y a pesar de todos estos adelantos, pasaron tres lustros sin que pudiera conseguir tal disco, pues creo que no era el único individuo que lo buscaba con cierto ahínco, pues en las contadísimas ocasiones (dos o tres) que lo han subastado en internet durante los tres años que llevo metido ahí, me lo ganaron. Esto, afortunadamente no volvió a ocurrir hace poco [esto sucedió en enero de 2006].



Ya con el costo del envío, logré conseguir esta pieza en 9 libras y hace unos días el esperado sobre llegó a mi casa.

La edición, reza la contraportada, es inglesa; sin embargo, el disco acredita a Francia como el país maquilador, cualquiera sea el caso, es una lástima que un disco como éste no haya podido editarse en México, pues la relación es directa y con varios matices nacionales.

El filme se caracteriza por reunir –aparte del score de Boswell- varias populares composiciones mexicanas en ejecuciones altamente peculiares como La barca de Oro, interpretada por un coro que parece estar conformado por puras teporochas, Bésame mucho bajo la voz de un pobre actor de revista, además de Déjame llorar y Fin del mundo en la voz de Concha y Fénix, es decir, los personajes interpretados por Blanca Guerra y Axel Jodorowsky.

Todos ellos se incluyen en el soundtrack (aunque Fin del Mundo viene interpretado únicamente por el coro de la iglesia de Santa Sangre durante la demolición de ésta y no, como vemos también en el filme, por Concha y Fénix durante su impresionante encuentro musical), lo cual resulta afortunado, a pesar de que también quedaron fuera otros cortes musicales de lograda e irrepetible originalidad. En este punto me gustaría resaltar la presencia de una canción como Fin del mundo de la cual, ustedes disculparan, pero no tengo información o conocimiento alguno.

[Unos meses después fue publicado el libro El maestro y las magas, en el que Jodorowsky, entre otras memorias, habla precisamente de esa canción que se la tomó prestada a un intérprete y compositor callejero invidente de cierta sectilla con la cual, de hecho, interpretó dicha composición para el filme… si no equivocó el recuerdo de lo leído]

Este tema de fuerte y grotesca presencia parece delimitar la misma esencia del filme: transita por escenarios geográficos y mentales conocidos por todo mexicano, aunque causando una ruptura ante su oscuro mensaje.

Aunque contrastante con esa parte nacional mencionada, el score de Boswell no resulta menos satisfactorio. Si bien, éste no se encuentra exento de ciertos pasajes planos y escasos de mayor cantidad de matices sonoros, que por supuesto funcionan de forma correcta sobre las imágenes en pantalla, contiene igualmente varios momentos brillantes, como son Sweet Dreams, Holy Guitar, Triste y Alma, en las que, tan sólo con guitarra acústica y teclados, Boswell consigue reproducir el sentido de los estados de ánimo de los personajes en cada secuencia. Esto sucede de manera sobresaliente con Alma, una secuencia de sonidos que evocan la tristeza y melancolía de un personaje (Fénix, aunque el título evoqué a su liberadora) que ha buscado la libertad y al cual, Jodorowsky, finalmente se la entrega al cierre del filme en una forma por demás brillante en la cual el aprisionamiento deviene en aquello, libertad.

En teoría debe existir una edición en vinil de este soundtrack –objeto aún más preciado-, pero cuando el material es escaso, algo tan pequeño como un CD puede significar la felicidad.


viernes, 10 de julio de 2009

¡Ha muerto el Mito! ¡Viva el Mito!

Klein, Lennon y Ono acordando el rumbo de la historia


El martes pasado, 7 de julio, fue enterrado Allen Klein, tras 77 años de vida y varios años de batallar con Alzheimer –ahora nos enteramos.

Platicando con un buen amigo, comentábamos que era profundamente significativo que Klein sufriera los últimos años de su vida esta terrible enfermedad, que obliga al desapego con seres y cosas ante la inminente pérdida progresiva de la memoria. Saben, Klein construyó su carrera, vida, y así el rumbo de cierto trozo importante de la historia de las artes, con base en la administración de la obra de un buen número de artistas y en la apropiación misma del dinero de muchos de estos.

Su vida la paso prácticamente ganando demandas de artistas para con disqueras y editoras, y después haciéndose de los derechos de algunas de los mismos artistas. Su vida la terminó desapegado de prácticamente todo recuerdo de esto.

Entre sus logros más sonados está haber manejado a The Rolling Stones, entre 1965 y 1970, renegociando para ellos de forma jugosa su contrato con su disquera. No obstante, cuando quisieron deshacerse de él únicamente lo lograron cediéndole los derechos de algunas de sus canciones, como (I Can't Get No) Satisfaction y Jumpin' Jack Flash, como las notas de agencia lo manejaron en los últimos días.

Y por aquella época puso el ojo en The Beatles, afortunadamente para estos músicos se encontraban a punto de separarse como banda (por lo que Klein no tuvo mucho tiempo para inmiscuirse); aunque igualmente se dice que la presencia de Klein fue una de las razones de la desintegración.

De cualquier forma, durante los últimos meses de The Beatles como banda Klein fue su representante, y siguió trabajando con John Lennon, ya fuera de los fab four. Prácticamente con el dinero que ganó con la banda fue que fundó su compañía ABCKO con la cual, además de sus proyectos, le dio salida a otros del mismo Lennon. Uno de estos fue distribuirle a Alexandro Jodorowsky su filme El Topo (1969, del que Lennon quedó encantando tras verla en funciones de medianoche en Nueva York), y producirle su siguiente filme The Holy Mountain (1973).


Jodorowsky y Klein sonrientes ante lo logrado


La historia de estos trabajos continúa –creo- siendo un suceso mítico para lo cual les conmino a buscar las pistas entre los diversos libros de Jodorowsky. Los filmes se realizaron bien en su momento, pero hubo un suceso importante que cambió la historia de estos hombres, y creó un momento histórico en la historia del arte subversivo.

A continuación pongo un extracto de lo que Jodorowsky me dijo en una entrevista que le realicé hace tres años:

“Allen Klein me dijo que nadie vería mis películas. ¡Nunca! [Tras dejar plantado a Klein para comenzar un cine industrial con una adaptación a La historia de O, decidió retener y enlatar las películas de Jodorowsky] Y un día, de pronto, decidí hacer la guerra: Encontré un negativo bueno de El Topo, y se lo di a un pirata. Le dije: ‘Publícalo, yo te doy el permiso, te lo firmo; y cuando te demande Klein, dile que yo lo firmé, quiero entrarle a la guerra’.

Entonces, por suerte me encontré un abogado que me admiraba, el más genial de todos, hermoso porque padecía un mal y cojeaba como Quasimodo. El abogado monstruoso me encanta. Él me iba a cobrar por porcentaje, mientras que Klein pagaba 500 dólares la hora a abogados de Inglaterra. Un día decidí hablarle a su hijo y le dije: ‘¿Por qué no hacemos esto como algo amigable?, ¿por qué no me veo con tu papá?’. Así hicimos una cita, nos vimos en Londres, se acabó la pelea y nos dimos cuenta de que no éramos monstruos, sino dos caballeros, antiguos, de pelo blanco, viviendo una cosa que sucedió cuando éramos jóvenes”.

Efectivamente, hace unos años estos acérrimos enemigos llegaron a un acuerdo cuya imposibilidad durante más de tres décadas hizo del cine de Jodorowsky algo poco menos que una epifanía: antes de convertirse en filmes inconseguibles, Fando y Lis (1969) y El Topo se ganaron prácticamente una censura mundial desde México, debido a sus temas, su apertura y la descarada forma de abordarlos; de igual manera, provocó que Jodorowsky se hiciera de enemigos en una buena parte de la sociedad artística mexicana.

De ahí, la consagración como artista subversivo continuó en Francia y desde Estados Unidos, y con ayuda de Lennon y Klein, se le miró entonces como un chamán pre-globalización. Fue de esa forma que, tras enlatar los filmes mencionados por parte de Klein, la obra de Jodorowsky se convirtió en una especie de Necronomicón, del que existía cierta información, se rumoraba mucho en ciertos círculos y, los más aventurados buscadores, habían logrado conocerlas a través de formas clandestinas en condiciones paupérrimas.

Hace cosa de tres años, este mito se trastocó considerablemente con la edición de los tres filmes en versión restaurada en DVD, ya como resultado del amable reecuentro entre Klein y Jodorowsky. La imagen y sonido en perfecta definición, no solo limpiaron la imagen guardada de las antiguas copias clandestinas, igualmente la experiencia fue otra, y las culpas, censuras y mentiras desaparecieron, como si se trataran de otras películas. El mismo Jodorowsky, entonces, me dijo que se sentía mucho muy distinto a la persona que hizo aquellas películas.

Una historia de comprender y construir en base a lo prohibido, de entender al mundo desde el bunker de lo censurado y condenado parecía irse entonces con el rescate de estos filmes.




Y ayer, jueves 9, cambiando los canales televisivos me encuentro en el Canal 22 con la transmisión de Fando y Lis, basada en una pieza teatral de Fernando Arrabal, como inicio de un ciclo dedicado a Jodorowsky compuesto por sus tres filmes mencionados (los dos restantes los siguientes dos jueves). Al momento, a través de los años, he acumulado ya versiones piratas de los filmes en VHS y DVD, y ediciones en Laser Disc, Video y DVD, oficiales, semioficiales y remasterizadas. Es decir, en apariencia, nada puede decirme ya su transmisión a través de un canal de televisión abierta… pero con estos filmes el caso es otro.

La transmisión de los filmes de Jodorowsky a través de un canal abierto de TV, y uno administrado por el propio Gobierno, nos habla de un mundo transformado. Jodorowsky fue aquél vetado de Televisa y la TV por destruir un piano con un hacha en vivo, y decir que las telenovelas estaban llenas de vacas actuando. Jodorowsky, fue aquél amenazado de muerte por Emilio “El Indio” Fernández, por la forma en que se burló de México en sus filmes. Jodorowsky fue aquél corrido de México por considerársele un extranjero pernicioso. Jodorowsky, es aquél que obtuvo mucho en México, que le ha dado mucho a México, que ha dicho querer mucho a México, y que también ha hablado mal de México fuera de este lugar. Jodorowsky es aquél que nos ha dado mucho a través de su obra, y que ha construido referencias y formas de entender nuestra realidad con su trabajo, y con la misma censura que ha sufrido.

Es así, que al mirar Fando y Lis en TV abierta este jueves, ha sido una experiencia estremecedora. Fue como si una historia de censuras y de copar la libertad, se viniera abajo. Como si los mitos, de repente, ya no fueran necesarios y se les desapareciera apretando un botón. Además, el tiempo televisivo parece transformar todo a través de su pantalla y sus pausas comerciales. Es como si todo lo que su pantalla reproduce, entonces, pasara a formar parte de la historia. Es un tiempo distinto al de la reproducción en DVD o videocasete, la televisión de cierta forma eterniza… crea mitos.

Puedo pensar que la psicomagia llevó a Jodorowsky a contactarse con Klein, en un momento en el que su vida debía cambiar ante una enfermedad producto del karma. Fue el momento de llegar a un acuerdo para acabar con un mito, y dejar el camino abierto para que entonces uno nuevo surja.

lunes, 18 de mayo de 2009

Fangoria: Tres décadas de crepitar

Trece años tenía cuando compré mi primer número de Fangoria (fue el logro de una alianza económica y de intereses afines, como en muchas otras ocasiones, con mi hermano mayor). Fue en 1988, el número era el 78, con fecha de portada de octubre, y con foto de portada hermosa de Pinhead, con una calidad irrepetible producto aún de la fotomecánica. La descarnada y macerada presencia del principal cenobita estaba fondeada por un azul que permitía ver una humarada desprendiendose de su cuello. Simplemente inolvidable. Aún eran los años de esplendor de esta revista.



Nuestro amor por los monstruos y creciente interés por el cine de géneros había sido trastocado absolutamente por la llegada de las videocaseteras. Es bajo esa atmósfera y contexto que nuestras pubertas mentes se shockearon al ver tal ejemplar entre la oferta de revistas en Sanborns, específicamente el de Villa Coapa (el de Acoxpa… Galerías Coapa todavía ni existía).

Entonces, la revista aún se componía casi de tres cuartas partes en blanco y negro y una en color, para las fotos más sugerentes y guacareantes propuestas por los diversos filmes. En aquel número nos enteramos de filmes como They Live (una pequeña joya de John Carpenter, que año con año gana más adeptos), The Blob (el remake de Chuck Russell), Hellbound (con entrevista a Clive Barker) y Dead Ringers, éste último, filme de David Cronenberg (hoy día, un cineasta más que parece se fatigó tras tantas propuestas de ruptura, convirtiéndose en otro maquilador hollywoodense) que cambiaría fuertemente nuestra percepción del cine uno o dos años después, cuando conseguimos una copia pirata en Tepito, y que incluso se convirtió en el master de material que anduvo rondando en el Tianguis Cultural del Chopo.

La realidad de una publicación que hablara sobre las obras que nos importaban, con entrevistas e información de primera mano, reforzada –por supuesto- por imágenes de la mejor calidad y sin miedo a ser explícitas era de no creerse: El Infierno ante nosotros se convertía en Cielo. Afortunadamente, el único problema que teníamos era económico, pues nuestros padres nunca censuraron nuestros intereses (fuera de la desaparición misteriosa de una copia de Pink Flamingos), y miren que conocí de cerca historias de censura bien oscurantistas, precisamente a razón de la compra de Fangoria y Gorezone (publicación hermana que hoy regresa en versión electrónica), y que me convirtieron en algo más que mala influencia, tal vez algo así como pervertidor ante los ojos de la acusadora madre de mi amigo.


El caso es que la lectura, y la sola experiencia de ver y hojear Fangoria, entonces, fue reveladora. No sólo sus entrevistas, artículos y reseñas me informaron; igualmente lo hicieron las ilustradas y sugerentes secciones de anuncios, donde la oferta era enorme, pero más grande aún eran las fantasías que esto despertaba. Desde el anuncio de compañías que se dedicaban a localizar u ofertar cualquier extraño filme (como la pionera Something Weird Video, o Video Search of Miami), hasta la venta de mascaras y props para Hallooween, o las primeras y muy anheladas figuras de Leatherface, Jason Voorhes y Freddy Krueger. Eso era el alucine en todo su esplendor, y era una antigua costumbre en el género, instaurada desde los años 60 en la pionera Famous Monsters of Filmland, fundada y editada por San Forrest J. Ackerman, patrono del fandom, revista en la que la vendimia de parafernalia parece que le dio sentido al entretenimiento.

Fangoria, efectivamente, era la heredera de FMoF. Su primer número apareció en mayo de 1979, con una imagen de Godzilla en portada y que en conjunto se han convertido en un clásico. Entonces había otras revistas como The Monsters Times, Cinefantastique (realmente bella durante un par de décadas) y la misma FMoF, pero el grafismo propuesto por Fangoria y la renovada pasión por el cine de horror que comunicaban los chorros de palabras, frases e ideas entre sus páginas, creó una nueva escena del cine de horror y varias generaciones de autores que le deben su carrera, sin exagerar, a esta publicación.

Sin duda, la lectura de Fangoria fue una de mis principales razones para inclinarme hacia el periodismo como forma de ver la vida; y aunque desafortunadamente no el talento, sí comparto la inspiración y agradecimiento que a esta publicación le deben autores como Quentin Tarantino, Greg Nicotero, Peter Jackson y Guillermo del Toro, por nombrar algunos, quienes en repetidas ocasiones han dicho que Fangoria es parte importante de su formación.



Con el paso de los años he podido adquirir algunos de los primeros números de esta revista, entre ellos el mismo número 1, y realmente son cápsulas de tiempo que provocan epifanías. Fangoria es la única de su generación que prevalece. Tanto Cinefantastique, como Psycotronic Magazine, Slaughterhouse y otras publicaciones, han ido quedándose en el camino y ante la indiferencia de los lectores.

Hace un par de años, la bodega en la que se guardaba todo el bagaje de números atrasados de Fangoria fue consumida por un incendio, y en en éste se fueron grandes posibilidades de adquirir estos números. Ahora, sólo a través de tiendas de cómics y revistas es posible conseguir algún número y, por supuesto, con probabilidades muy grandes de encontrarlos a precios no muy buenos.

En la actualidad, he de decir que la lectura de la actual Fangoria no me provoca el mismo placer que antaño. Hoy día, aquellas secciones de vendimia han tomado un papel preponderante en la industria siendo ahora tan importantes como las mismas películas. De esa forma las publicaciones han tenido que cambiar, y esfuerzos editoriales como HorrorHound y Rue Morgue parecen estar más a tono con el momento. Aún así, Fangoria llega con su número 284, de este mes de mayo, a su 30 Aniversario, y lo hace de forma por demás elocuente e impactante: Un collage obra de Clive Barker es la portada y entrada a una interesante entrevista con este artista, uno de los autores que la revista ha apoyado desde el inicio de su carrera. Además de entrevistas con Sam Raimi, George A. Romero y Wes Craven, las casi 100 páginas de la revista se complementan con más de 50 declaraciones de distintos personajes, involucrados con el cine o con la misma publicación, sobre su relación con ésta.

Tras 21 años de leer Fangoria me doy cuenta de que he envejecido más de lo que me he dado cuenta, pero ha sido una buena forma de hacerlo y la cual agradezco enormemente.


viernes, 24 de abril de 2009

Jack Cardiff, hacedor de mutantes e imágenes bellas


Steve Bissette posee una página importantísima en la historia de la historieta, al ser el dibujante, junto al entintador y también ilustrador fenomenal John Totleben, de la mayoría de las historias de Swamp Thing escritas por el maestro Alan Moore. Bissette y Totleben a mediados de los años 80 del pasado siglo lograron en este título un grafismo desconocido hasta ese momento, y hoy día su trabajo continúa siendo absolutamente impactante: Un clásico.

Junto a esto, Bissette es uno de los conocedores y entusiastas del cine de horror y extraño más enterados que yo conozca a través de revistas y libros. Entre otras, Bissette escribió durante años para la revista especializada Video Watchdog, editada por Tim Lucas, y posee varios libros sobre sus muy incisivos textos sobre cine marginal.

Ayer mismo checaba el blog de Bissette, tras no hacerlo durante varios días, y me encontré con una serie de posts sobre montruos-plantas en algunos filmes realmente oscuros. Entre los trabajos mencionados, el maestro Bissette me hizo una vez más feliz pues habló gratamente de The Freakmaker, también conocido como Mutations. Este filme de 1975 es uno realmente enfermo, y que me gusta un buen. Lo llegaron a pasar por canal 5 de Televisa en los 80, y tal vez todavía en los 90, no puedo recordar ahora cómo lo titularon (creo que Doctor Satánico), pero es una joya inglesa de explotación con fenómenos reales y un científico enloquecido que experimenta con humanos para hacer mutantes vegetales.



Donald Pleasence una vez más hace un papel inolvidable como el doctor maligno; Tom Baker, antes de ser el Dr. Who, la hace de su ayudante tullido; y sale la mamacita Julie Ege, quien igualmente hizo lo propio en filmes de la Hammer Films durante aquella época.

El filme posee los escenarios, feeling y atmósferas de todos esos filmes ingleses de los 70, unos colores preciosos, una pasarela de freaks reales y una historia bien ojeis, en la que se mezclan ciertos elementos de Freaks, de Todd Browning, y una historia de científico loco con víctima tipo Seth Brundle o John Merrick. En resumen, se trata de una joyita de explotación de una época irrepetible.

Yo desde la primera vez que vi este filme en la TV caí bajo su hechizo, a pesar de que mi hermano siempre me estuvo jorobando diciendo que era una chingadera la película. De hecho hay una historia bien curiosa, pues hace años (yo creo por el 90 o 91, cuando las películas originales en videocasete aún eran poco comercializadas y, en su mayoría, sólo para renta), en uno de nuestros constantes viajes a Tepito en busca de tesoros en Beta y VHS, en piratería u original, nos encontramos una copia original de The Freakmaker, editada por uno de esos sellos mexicanos que publicaban puros títulos de explotación; y pues muy barata no nos salió, pero pudimos comprarla finalmente. Yo estaba feliz, y Rogelio más o menos, pues aunque el filme no era mucho de su agrado, la presentación de la caja estaba bien chingona: con la portada que se desplegaba y daba lugar a un dibujo sangriento y con chuletona semidesnuda incluida, que nada tenía que ver con el filme, pero que es uno de esos excesos sinsentido obvios en este subgénero.



Como deben entender, la vida de un cinéfilo o cinéfago de aquella época era complicada, aunque excitante. Ante la poca posibilidad de conseguir películas originales, uno debía hacer toda clase de bisnes y aprovechar toda ocasión. Así, cuando algún original aparecía de manera milagrosa en algún puesto de cambio en un tianguis, la única manera de obtenerlo era comprándolo o cambiándolo por otro original. Fue así que nos abocamos a hacer una copia del original de The Freakmaker, para intercambiar la cinta de ésta por la original, y de esa forma cambiar la copia y quedarnos nosotros con la original, en el chasis de un videocasete normal.

Poco después me arrepentiría amargamente, pues el arte de la caja era realmente grotesco. Pero bueno, el caso es que todo eso llegué a hacer con este filme y poseo ya mi ejemplar en DVD. Y ayer recordaba muy buenos momentos con lo que el maestro Steve Bissette rememoraba a su vez.

Este filme realizado por Jack Cardiff, así, es una anomalía. Cardiff en mayor medida se conoció por su talentoso trabajo en la cámara, para filmes como Black Narcisus y Red Shoes, ambos de Michael Powell; The African Queen, de John Huston; y Ghost Story, Rambo II: First Blood y Conan the Destroyer, entre otros. The Freakmaker fue su penúltimo filme, y distinto al resto que realizó.

Hoy por la mañana me conecto, me dirijo al blog de Heidi McDonald, y me encuentro con la noticia de que Jack Cardiff ha muerto. De hecho, que murió el miércoles pasado.

Este es un mundo extraño; y la vida y la muerte inesperadas, como bien sabemos.


jueves, 26 de marzo de 2009

Within the Woods


En estos tiempos de erosión de ideales, corrupción de principios y del supuesto derecho a obtenerlo todo sin gran esfuerzo, pocas cosas pueden impresionarnos ya.

Pocos filmes resultan renovadores o propositivos, los títulos más extraños y buscados durante años hoy día pueden conseguirse en cualquier bazar a precio módico con un tipo que los compra en Tepito o los bajó de internet. Los cánones y lo sagrado no existen ya, ahora sólo hay puro caos Región O.

En este contexto recibí una muy grata sorpresa el sábado pasado, cuando mi hermano llegó a la casa con un regalo de cumpleaños que me había enviado un antiguo amigo: una copia en DVD de Within the Woods, efectivamente, el mediometraje prototipo de aquella obra maestra llamada The Evil Dead, algo que en México bajo el influjo de tacos alucinógenos es conocido como El despertar del Diablo.

Como ustedes deben saber, este mediometraje de 32 minutos fue realizado por Sam Raimi, con la ayuda de Robert Tappert, Bruce Campbell , Tom Sullivan y Scott Spiegel, tan sólo con 1500 dólares y con la idea de crear una propuesta independiente de terror, aspirando al éxito de otros esfuerzos similares, como Night of the Living Dead (1968), The Texas Chainsaw Massacre (1974) o Halloween (1978). Este esfuerzo, Raimi y compañía lo hicieron como una especie de carpeta de trabajo para presentársela a los posibles candidatos a producir lo que conoceríamos como The Evil Dead.

Durante prácticamente tres décadas, Within the Woods fue como las Tablas de la Verdad o aquél primer madrazo que Caín le propinó a Abel: muchos decían que sucedió, pero nadie lo sabía de cierto. Era como una especie de leyenda urbana o relato de fantasía heroica que los enterados y afortunados en verla contaban entre las páginas de publicaciones especializadas, para la babeante expectativa de quienes leíamos sin la fortuna de conocerla con ojos propios.

Así que, como degustador del fantástico cinematográfico desde hace más de dos décadas, podrán imaginarse lo que significó tener en mis manos la posibilidad de entrever Within the Woods. Y digo entrever, porque la copia de esta historia filmada en 1978 está realmente madreada, aunque eso en este tipo de casos no importa.

Obviamente, este trabajo es pobre técnica y actoralmente, pero no deja de sorprender enormemente en sus propuestas narrativas y estéticas. Bruce Campbell se encamina con su amiga Ellen (Sandweiss, la Cheryl de The Evil Dead) a un picnic en un campo donde se supone hubo un cementerio indio, las vaciladas de Bruce al respecto se tornan reales cuando es poseído por los espíritus del lugar tras desenterrar una daga. A continuación se encuentra el asesinato de otra pareja en la cabaña que compartían (interpretada por Spiegel y una tal Mary Veleneti) y la tortura de Bruce con Ellen. Efectivamente, no hay mucho que agregar, si se conoce ya la trilogía que provocó.

No obstante este mediometraje se torna en el blueprint de una futura joyita. Los jóvenes cineastas, Raimi y sus colegas, muestran una clara idea de lo que buscaban obtener en su obra futura, Within the Woods es germen de varios de los momentos más impactantes del cine de terror contemporáneo, ahí están en forma salvaje aunque bien precisos varios momentos reproducidos al pie de la letra no solo en The Evil Dead, sino igualmente en su secuela Dead by Dawn.

Creo entender lo arrojado y fenomenal que fue ver aquello en 1978. Los productores que la vieron como propuesta para una aventura más elaborada debieron quedar estupefactos por lo logrado por un grupo de amigos y 1500 dólares. Se trataba de energía e inteligencia pura. Por años, por alguna desconocida razón, Sam Raimi ha impedido la edición de este medio como extra en diversas ediciones del DVD de The Evil Dead; incluso, este trabajo fue sacado de youtube hace no mucho por una demanda del mismo Raimi.

Durante años, se sabía de copias que se vendían en algunas convenciones en Estados Unidos, y no faltaba la copia que se iba a precios altos en eBay. Pero ahora, hasta en youtube puede verse en cuatro partes (y desde mediados del años pasado, según la fecha que marca). La mística se ha roto un poco, pero finalmente hemos podido ver esta historia.


*Imágenes tomadas del sitio www.evildead2.com